La música resuena mientras observas a través de tu ventana como las gotas de lluvia empapan el suelo y el viento se mueve sigilosamente entre las hojas de los árboles. El día no es cálido, quizás algo sombrío, pero es tranquilo y en tu interior encuentras esa luz que irradia tu alrededor, resplandeciente, inundando todo el tiempo cada recóndito momento de tu existir. Dicha tranquilidad que te produce una sonrisa meramente esbozada en tu rostro, apacigua tu mirada y calma los míseros pensamientos que solían inquietar tu mente, ahora convertidos en melodías florecidas que atraviesan tu piel.
Hannelore Ortloff Haase.
