Deberían dejar el miedo atrás, cortar las ataduras y entregarse por completo, sin vergüenza ni miedo a ser juzgados por esas miradas que atraviesan el salón en instantes fugaces, ni por esas voces ininteligibles en el unisono del universo, absurdo sería permitir ser devorado por esas palabras abasalladoras sin sentido.
Cuándo fue la última vez que te liberaste de esas ataduras y dejaste que todo fluyera, cual cause de un arroyo en primavera que escurre entre las piedras o como el viento se escapa entremedio de las hojas de los árboles.
Caricias delicadas y un susurro que te inquietan por completo, ese estremecedor barullo que se forma entre las distintas melodías provenientes de sus voces y los revueltos que han de producir el danzar de sus dedos.
Sensaciones infinitas que te hacen querer permanecer un tiempo, pero eso significa una atadura más y tú no has llegado hasta aquí para poner otro nudo sobre tu espalda, más bien para soltar las riendas de tus afectos y dejar que los sentimientos te inunden por completo.
Hannelore Ortloff Haase



