Sentidos

Sigues convencido de que el sol brilla tan intensamente como antes y que a tu alrededor todo florece. 
Tus oídos son sordos a la brisa del viento anunciando el temporal que se avecina y tus ojos ciegos al desolado prado de flores marchitas.
Continuas tomándole ese gusto tan dulce a los cuerpos amargos y entregando caricias suaves como el plácido mar ignora al golpear las piedras.
La tierna savia de los árboles escurre por tus dedos al tiempo que las hormigas suben por tus piernas para quitarte ese pequeño dulzor, aquel dulzor que no recuerdas haber degustado ni en tus más profundas sensaciones.


Hannelore Ortloff Haase.